CÓMO SUBIR EL AUTOESTIMA - PARTE 2 DE 4

Bienvenido al artículo número 7 de la categoría AZUL ("EL CUENTITO DE LA SEMANA")

Cómo subir el autoestima... tema delicado. ACÁ VA. DE UNA. LA PARTE 2.


Algunas pirañas me mordieron en las patas -eso es lo que tengo, patas- pero logré salir antes de que me quitaran unos cuantos pedazos más. El agua se tiñó de rojo; sin embargo, yo padecía de una cuantas cortaduras: nada grave. Con un par de curitas, solucioné el asunto. Me coloqué la caperuza nuevamente y salí en busca de una salida.



subir el autoestima

Animalillo de Dios. Es un pez tranquilo, su forma corporal de expresión es un tanto violenta.


-Lo que pasa es que soy una tarad* siempre me meto en la peor parte del lago no aprendo más

Entonces -debilitada- retomé la marcha y me tropecé con una raíz del roble.

-Verg* -dije.

Fue ahí cuando empezó el problema, ahora ya estaba inválida de cerebro y pierna. Conclusión: buscar la salida hacia mi choza, en donde vivía con un gato verde, de nombre Ojepse, que pronunciado en inglés suena cool, algo así como "ogephs" pero al español queda más feo que pisar mierd* descalzo. 

Bueno, tranca. De tanto pensar se me iban a acabar las reservas de glucógeno. En ese momento, tuve más y más hambre. Amo comer. Soy más peligrosa con un tenedor que una metralleta. Lo necesito.

Necesitaba comer algo en el camino. Tomé unas frutillas (crecían allí, en el suelo. Y si no van a crecer en el aire SOY PELOTUD*) y las devoré en un abrir y cerrar de narices. Entonces, problemilla. ERAN TÓXICAS.

Primero, inflamó mis labios: pronto, había más labios que cara. EMPECÉ A CORRER. GRITABA.

-¡¡AUXILIO!! ¡¡SOY UNA IDIOTA DIPLOMADA!!

Tuve miedo. Los labios se inflaban progresivamente como si fueran globos de cumpleaños. No daba más. Quise putear, pero no pude. Recordé entonces en una clase de matemáticas geográficas que comiendo hongos rojizos del tipo ascomicetos, podría neutralizar el efecto tóxico de las frutillas. 

Seguí corriendo hasta que descubrí una zona interna del bosque en donde parecían brillar unos extraños objetos rojizos parecidos a casitas. Eran hongos anti-frutilla. Quise atravesar la zona, pero un par de cactus ocultos que revelaron violentamente su presencia tras la hierba me detuvieron. La sangre inundó la escena: las espinas se tiñeron de coágulos rojizos.

-BUENO NO IMPORTA SIGO VIVA SOBREVIVO A TODO PERO AÚN ASÍ SOY UNA RETARDADA

Entonces me puse más apósitos en las piernas, las cuales llevaba en mi canastita de mierd*. Todo en orden. Aunque los labios ya medían casi diez centímetros por afuera. La dilatación era tremebunda. Estaba por romper bolsa.
Pero seguía con hambre: aparté con VIOLENCIA LOS CACTUS DE MORONDANGA Y ME COMÍ SIETE HONGUITOS. SIETE.

Los labios volvieron a su lugar. Retrocedieron. PERO ENTONCES ALGO PASÓ CON MIS NALGAS. ¿LO TENGO QUE EXPLICAR?

Me asusté. Grité. Me caí de cul*. ENTONCES REVOTÉ Y LA CARA ME PEGÓ CONTRA EL TRONCO DE UN PINO. Eso duele.

-Aia.


Porque claro, ahora tenía el ojet* inflado. Era como si hubiera comido quince hamburguesas por día durante un año. Eso era raro, más raro que una sandía cuadrada. Quise volver a mi casa. No aguanté más. Corrí como pude, tambaleando el cul* costado a costado, y encontré el atajo de siempre, por donde volvía a casa. ¿Era un atajo seguro...? Veremos...

Éste material está protegido por derechos de autor, pero si querés usarlo, no hay problema, avisame.


Cuidado joven lector, si hay empatía, vas a sufrir mucho leyendo las atrociedades que le sucederán a Matilda en las sucesivas partes de ésta historia. Se revelerá el objetivo didáctico del artículo en relación a tu autoestima al final del cuento. 

Quiero decirte que sos hermosa/o. No lo dudes, más allá de lo que interpretes al final de éste cuento

Si el artículo te gustó por favor compartilo. A mediados del 2018, voy a empezar a incluir videoblogs a mi página.

¡Besotes!



Lady

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