CÓMO HABLAR DE SEXO CON UN NIÑO A TRAVÉS DE UN CUENTITO...

Bienvenido al artículo número 1 de la categoría VERDE ("NO COMAS EL ASADO ANTES DE PRENDER EL FUEGO: SEXO").

Hablar de sexo con los niños. O con chicos que están ingresando en la etapa adolescente. ¿Diabólico, feroz y deprimente instancia? No. Puede ser divertido y eficaz. He aquí un ejemplo, acontecido hace un par de semanas. 


En una bella casita que se caía a pedazos, con chimenea, y toda esa parafernalia rosada del cuentito de Disney que tan imbéciles nos ha vuelto, dos personitas conversaban en una habitación. Sí. Sobre sexo.

—Loca, la piba ya tiene seis años, y puede empezar a preguntar cosas —le dije a mi hermana.
—¿Seis? No. Va a cumplir siete. Es tu sobrina, deberías conocerla...
—Seis, siete, da igual.
—¡¡No da igual!! ¿Qué te pasa, Lady? ¿Te comiste un payaso?
—Dos. Como te decía, va a empezar a joder sobre la posible existencia de los angelitos, a dónde vamos… y de dónde venimos. Hay que hablar de sexo con ella, es necesario.
-No, es muy chica. Bueno no sé. Puede ser.
-Ya me conocés: tengo un plan.
-¿Social?
-¿Quééé? No me obligues a tipear cosas que no quiero decir xD

Adivinaron. Mis cálculos se cumplieron a la perfección: ese día, mi tierna sobrinita arribó hasta mi habitación. Si. Había que hablar de sexo con ella.  Me preguntó por octava vez:

—Tía, ¿de dónde vengo?
—¿Te dije que sos muy linda?
—¿De dónde vengo?
—¡Sos intelectual, muy inteligente!
—¿De dónde vengo?
—Está bien. Vení, sentate.

La inocente niña se sentó sobre la cama. Ambas lo hicimos.

—¿Qué lindo día, no? Mirá, el solcito era por la ventana. ¡El solcito se ríe! Es parecido al del programa subnormal, ese. Las viejas cantan, los pájaros se levantan...
—Empezá, yegua.
—Bueno. Para tomar un ejemplo conocido, y en el caso hipotético de que lo entiendas, voy a proyectar mis conocimientos acerca de siguiente acontecimiento: cómo nació tu tía Lady. O sea, yo. Vamos a ilustrar la explicación a través de dicha ejemplificación.
—¡Que bueno!
—En la era Mesozoica, -cuando tu abuela nacía entre los huevos del Oviraptor y el hocico burlesco del Muttaburrasaurus- se documentaron las bases del nacimiento humano y que arrojó luces genéticas al respecto. Para ese entonces, vos no existías ni siquiera como proyecto horneándose en la panza de tu madre.
—Me interesa, tía Lady.
—Bien, pequeño saltamontes, ¿qué dice la gente?
—¡Que nos trae la cigüeña!
—Bien. Pero si tu tía Lady evaluara esa respuesta, la nota sería un 0 (cero). Porque en realidad no nos trae la cigüeña. Pero vos te estás dando cuenta, poco a poco, que el mejor arte que practica la sociedad es distorsionar las cosas, complejizar lo simple y tomar a los niños por idiotas, ¿ok?
— ...
—¿Entendiste...?
— ...
— Qué pasa...
— Nada tía estaba tratando de tirarme un ped*, por eso no te contesté. 
— ¿No hay máscaras de gas? Bue. En fin, no venimos de una cigüeña. Ese dato es más falso que mi pelo rubio. Venimos de otra cosa… en realidad nos trae una COCINERA.
—¡Qué bueno! ¿Cómo se llama?
—Éste… Dora. Dora consigue varios ingredientes, y los mezcla en un proceso que dura nueve meses, por lo general. Cuando la cosa se hizo, esa cosa la traen para la casa que la solicitó. Queda bien horneado y doradito, por eso le pusimos Dora, entre todos. Decidimos su nombre en una asamblea.
—¿Dónde está su casa?
—En un planetoide, a 9800 millones de kilómetros de acá. Ese planetoide tiene forma de pera, y se llama Uteroide.
—¿Urano? —respondió la niña, pensativa.
—No. Uteroide. Ella vive ahí. Tiene un horno gigante, en donde nos cocina. El horno cubre las dos terceras partes del planetoide, es muy raro. Está más apachurrada que el Principito. Para no quemarse, ella se mete dentro de un biombo cuando el horno está funcionando, al igual que el Principito metía a su rosa para protegerla de las corrientes de aire.
—Que divertido, quiero cocinar también.
—No, sos muy chica todavía para eso. Éste... en fin... te explico. En primer lugar, hay que poseer todos los ingredientes, los cuales se consiguen acá en la Tierra. No puede faltar ninguno. Por eso, ella suele hacer dos viajes, porque luego regresa con un barrilete dorado hasta aquí, para traer el resultado ya horneado.
—¿Barrilete? Pero tía Lady, en el espacio no hay viento.
—No me rompas las pelotas.
—¿¿Qué??
—Eh... este... nada. La pelota esa que desinflaste el otro día. Hay una parte del espacio, que se llama el “cinturón de asteroides” y cuando el barrilete la acerca a una estación, ella paga un boleto a un tipo vestido de verde, como un milico. Y se toma el primer asteroide que pasa. El asteroide debe decir “Tierra”, de otra forma, se nos va al caraj*... ¿se entiende?
—¡A otro planetoide, tía!
—A otro planetoide.
—¡Wii!

“Bien, bien. Me está saliendo bien... ¡¡me está saliendo bien...!! Hablar de sexo con un niño no era tan difícil. Soy buena oradora, claro que sí. Faltan los aplausos y ya la tenemos completa”.

Encendí la computadora, y busqué música de  circo. Cuando comenzó a sonar, yo continué con mi tan gráfica explicación acerca de la reproducción sexual cocinada.

—Entonces ella llega, se va al primer supermercado que encuentra y compra las siguientes cosas. Una zanahoria madura, leche en polvo, dos huevos tiesos, una trompita de elefante (eso lo consigue en el zoológico) y esencia de vainilla —dije, mientras la niña bailaba acostada en la cama, al compás de la música de circo.
—¿De eso estamos hechos? ¿Nada más?
—Nada más. Lo que importa es la interrelación entre los elementos del sistema y cómo se organizan para formar algo nuevo.




hablar de sexo con un niño

Propiedades. Se nos puso roja.


—Como lo sistemas abiertos, cerrados y aislados.
—¿Eh?
—Lo acabo de decir, tía.
—Escuchame, pequeña geniecita... si te pensás que me podés... éste... no, nada. Entonces se vuelve a Uteroide y se pone un delantal de color fucsia a cuadrillé blanco y amarillo, acomodando sus bellas trenzas castañas hacia atrás, y se pone a laburar. Ella lo mezcla todo, básicamente. Tiene un cucharón de madera, y mezcla todo en un recipiente de metal. Ese recipiente lo mete en el horno, que usa la energía del sol para producir calor.
—¿Y para qué sirve cada ingrediente?

La niña parecía más emocionada que un simio enjaulado al cual le han notificado que lo devolverán a su hábitat natural, o al que le ofrecían un ejercito de monas todas para él.

—La zanahoria, que debe estar madura, sirve para hacer juguito de zanahoria, que es una versión menos actualizada de la leche en polvo. Ese juguito de polvo contiene semillitas, que sirven para iniciar todo el proceso cuando éstas maduran y adquieren la capacidad de moverse. También vamos a necesitar fuegos artificiales, como esos que tiramos en Navidad.
—¿Tiene que ser madura sí o sí? ¿De qué color es el juguito?
—Violeta, como mi corbata. Sí, tiene que funcionar bien. Después tenemos al par de huevos, que, con su alta cantidad de proteínas de alto rango biológico, produce las semillitas.
—¿No los hacía la zanahoria?
—En realidad, se hacen en los huevos y después pasan a la zanahoria por un cable chiquito.
—¿Son muchas semillitas?
—Más o menos. 200 millones, o algo así. Hay que asegurarse de que funcione, por eso son tantas. Pero sólo una tolerará el calor del horno. Como te dije, el horno, lo tiene la señora de fucsia. Ella junta los ingredientes, y agrega la trompita de elefante, que es donde se van a juntar las semillitas de los huevos con otra semilla más grande y redonda que viene de regalo, dentro de la trompa.
—¡Qué bueno!
—Sí, sí. Entonces, cuando se juntan en la trompita, se hace como un huevito más grande. Entonces, cuando la señora ve que aparece ese huevito en el horno, hace algo. Abre el horno, y encima del huevito le agrega esencia de vainilla. A veces, se le va a mano y le pone mucha...
—¿Y eso para qué sirve?
—Para determinar qué clase de nene o nena serás, si vas a romper mucho las pelotas, si vas a ser tranquilo…
—Pero mamá y papá me dijeron que eso tiene que ver con la crianza.
—Claro. La crianza se va a juntar con esa esencia de vainilla y va a producir un resultado final. Como te dije, a Dora se le puede ir la mano, o bien le puede poner tan pero tan poca, que luego hay otros problemitas. La esencia es lo más importante de todo. Por ejemplo, si le pone tres gotas en lugar de dos, es grave.
—¿Y vos, tía?
—¿Yo, qué?
—¿Cuántas gotitas le puso Dora?
—Siete.
—¿Es mucho?
—Demasiado. Pero no importa, ahora ya está. Entonces, después de ocho o nueve meses, todo eso se hornea y se mezcla bien por sí solo. No hace falta intervenir... ¡¡es irreversible!!
—Mientras tanto, ¿qué hace Dora?
—Cocina más nenes y nenas. No tiene descanso. La gente hace demasiados pedidos. Y el noventa y cinco por cierto, lo hace sin darse cuenta. Así fue, y así será siempre.
—¡Pobre Dora!
—Sí, pobre Dora. Pero todavía no te conté la parte más interesante. A veces, ella está tan ocupada cocinando, que envía una gallina a la Tierra, para que vaya enviando los paquetes que se terminaron de hornear. Quedan como tortitas. A veces, vienen con velitas y un pésame. Es una gallina voladora, con ojos y pico verde, y plumas color crema.
—¿Cómo se llama? —gritó emocionada la niña.
—Pancracia. Porque a veces, el paquete viene con una boñiga de pan de regalo, para darle al bebé por si la mamá no tiene en ese momento. Viene con envoltorio y moño. A veces, el envoltorio, como en mi caso, decía “peligro, no abrir bajo ninguna clase de razón ni circunstancia: contenido crítico y patológico”.
—¿En mi caso, que decía?
—No, a vos te trajo ella directamente. Pero se tomó varios taxis para llegar hasta acá.
—A vos te trajo la gallina, ¡ja, ja!
—Si, sí, bueno. Entonces, la gallina llega volando con el paquetito atado a una de sus patitas, y se lo deja en la puerta de entrada a la familia correspondiente. El paquete tiene un código numérico y un algoritmo que la gallina lee, para averiguar el país, la dirección, etc.
—Que buena gallinita, que tierna gallinita.
—Sabe programación y estadística. 
—¿Actúa en un canal de la tele?
—No, programación  relacionado con las computadoras. Otra cosa, es muy importante que el regalito sea depositado con cuidado, porque puede generar fallos...
—A vos te dejaron entonces en la alfombrita de casa. En el patio, tía.
—Sí. Bueno, éste... no. En realidad, a mi me tiraron por la chimenea. Caí de cabeza, por eso la concavidad donde reside mi cerebro es plana. Cuando menos se lo imaginaron, mis papás dejaron de brindar y vieron cómo una cosa extraña caía por ahí. La felicidad fue circunstancial: en ese momento, el brindis se transformó en un velorio.
—¿Qué es un velorio?
—Es un lugar donde hay muchas velas. Prendieron velas y empezaron a rezar para que el paquete no fuera de ellos.

Hablar de sexo con una niña era fácil. ¿Era fácil…?

—Cuando vieron que la dirección era la que correspondía a ésta casa, me agarraron, me pusieron un collar, una correa y me llevaron a pasear, muy contentos. O al menos, había una sonrisa dibujada en sus caritas. En una de esas, sin querer, me caí en un contenedor de basura y ahí permanecí cuatro días, hasta que me rescataron los bomberos y un perro siberiano. Fue divertido, me acuerdo…
—Pobrecita, la tía.
—No importa, me habían dejado ahí para que me divirtiera un rato, y después me iban a pasar a buscar.
—¡Menos mal!
—Todo era como un pelotero, pero con mierd* en lugar de pelotas.
—¿Te vinieron a buscar?
—Claro.
—¡Que divertido!
—Y así es, como día a día, llegan nuevos bebes al planeta Tierra. Si no puede traerlo Dora, ella envía a Pancracia.
—¿Puedo pedirle un hermanito a Dora?
—Tendrías que enviar una solicitud de hermano por fais.
—¿Tiene Facebook?
—Claro. Pero la conexión es débil; vos pensá que ella está en Uteroide. Usa un servidor especial, que se llama Morcilla Waterfox. Por eso, el servicio le incluye asadito, agua mineral gratis y el canal Fox. Ah, y un choripán.
—¿Asado? ¿Hay vacas en Uteroide? ¿Y los fuegos artificiales?
—Los fuegos se tiran al final, para festejar el encuentro de la semillita chiquita con la semillita grande. ¿Vacas? Bueno... esto habría que preguntárselo a Dora. Tomá, te dejo lápiz violeta y papel.
—Que arcaica sos, tía Lady. Hay que mandarle un guasá.
—Ella tenía un celular, pero no recuerdo el número. Era algo así… 15696969696. No sé.
—¡¡Ufa!! Tu memoria, tía.
—Y bueno. Vos pensá que estuve expuesta cuatro días al aroma del contenedor y eso me nubló el cerebro para siempre.
—Dame eso para acá. Le escribo una carta. ¿Cómo se llamaba? No me acuerdo.
—Dora, acordate. Dora. Nos vemos en la merienda. Te compré chocolatada y galletitas de las que gustan.

La tía Lady se despidió de su sobrinita con un beso y se fue hasta la cocina, bajando las escaleras. La niña se recostó sobre la alfombra color azul oscuro, y se dispuso a hacer volar su fértil imaginación.


Querida Tora:

Quisiera que me traigas un hermanito, porque estoy muy sola. Papá y mamá no me prestan atención. ¡Pero luego se quejan cuando me porto mal!
Acá en casa, en nuestra heladera, están todos los ingredientes que necesitás. Aunque te aviso, la zanahoria no está tan madura, pero podemos esperar a que madure. Hay varios pares de huevos, pero no sé si funcionan, creo que están de adorno. Trompa de elefante no tengo, pero tengo la cola blanca y negra de un gato. A lo mejor te sirve. Y tengo vainillas, pero las que se comen, no la esencia. Si querés, tengo nuez moscada. Espero que te sirva.
Podemos hacer un experimento juntas, ¡llevame a tu planeta! Yo te ayudo, debés tener mucho trabajo. Le voy a decir a la tía Lady que me lleve.
Me dijo que venís en un asteroide. ¡Sí! ¡El otro día, en un programa de la tele, hablaban sobre eso! Pobre Dora, ¡te hacen pedidos sin darse cuenta, dijo la tía! A lo mejor, después no tienen tiempo para cuidarlos. Los nenes y las nenas somos algo importante. ¿no deberían tomárselo más en serio los adulteros?
¡Ah! Si querés, puedo cuidar a Pancracia. ¿Se porta bien? Acá tengo un collar para ponerle por si se pierde en alguna parte de la galaxia. Pero espero que no le apriete el cuello, porque es el collar de nuestro gatito Felix, que es chiquito.
¡Nos vemos muy pronto! Llevo cañoncitos con dulce de leche. Por cierto, ¿por qué te dicen “Tora”? ¿Tenés cuernos?
Ah, no me acuerdo tu dirección… esperá…


—Tía Lady, ¡¡tía!! ¿Cómo se llamaba el planeta dónde vive Ogra? ¡¡Tía…!! —gritó la niña, bajando estrepitosamente las escaleras.

Se dirigía hacia la cocina, en dónde estaban su tía y su mamá conversando sobre "cosas de adultos".



La inocencia de los niños es el tesoro más maravilloso que guarda éste mundo en sus entrañas. Tal circunstancia no es una parodia, como sí lo es éste artículo.  

Este material está protegido por derechos de autor xD. Si lo necesitas, avisame, no hay problema =)



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Comenzaré a hacer videoblogs en mi canal de YouTube en abril del año 2018. Lamentablemente me es imposible hacerlo antes.

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